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2019 vs. 2015: ¿Qué sí mejoró durante la “era Macri”?

Las instituciones económicas de 2019 sientan las bases para un mejor crecimiento futuro.

Corría el año 2014 y me topaba con un excelente artículo de Nicolás Cachanosky.

El Máster de Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Doctor por la Universidad de Suffolk en Estados Unidos, explicaba que ese año Argentina había caído a los últimos 10 lugares en un Índice de Libertad Económica.

El indicador busca medir cuán respetuosos de las libertades básicas de la economía son los países del planeta.

En su momento el gobierno kirchnerista nos llevaba por el camino de Venezuela y los indicadores internacionales así lo mostraban. Argentina figuraba al lado del país caribeño, del Congo, de Zimbabue, y de Burundi.

Al respecto, el Dr. Cachanosky hacía la siguiente aclaración:

Estos indicadores no buscan medir la calidad de vida, sino que informan sobre el marco institucional, dado que esto define el nivel de desarrollo económico de largo plazo. Las instituciones de un país informan sobre la trayectoria de largo plazo y no sobre la situación económica actual.

La comparación entre Corea del Norte y Corea del Sur ofrece un caso único. Son dos países con la misma cultura, mismo lenguaje, y misma historia hasta su separación en 1945. Casi 60 años de dos Coreas con distinto marco institucional muestran las inocultables diferencias económicas. No obstante, Corea del Norte no puede alcanzar el nivel de vida de Corea del Sur de la noche a la mañana cambiando su política económica. Necesita cambiar su marco institucional y esperar que el crecimiento que no ha tenido en 60 años se materialice. Este efecto de largo plazo que las abstractas instituciones tienen sobre los países pueden hacernos perder la conexión causal dado que los cambios institucionales del presente pueden tener efectos varios años por delante.

Argentina, entre los 10 países con menor libertad económica del mundo – Nicolás Cachanosky (Octubre, 2014)

Por si no queda clara la idea permítanme poner un ejemplo más cercano.

En un equipo de fútbol, el esquema técnico y la buena preparación de los jugadores es “la institución”, mientras que el resultado de los partidos es la “calidad de vida”.

Es evidente que a mejor esquema técnico y jugadores (instituciones), mejores serán los resultados (calidad de vida). Sin embargo, también es razonable pensar que los resultados no llegan inmediatamente después del cambio del esquema.

Con los países sucede algo similar. Las instituciones que permiten el crecimiento suelen ser conocidas por los economistas. Las que lo ahogan también.

No obstante, la relación entre instituciones y resultados no es inmediata. Si mañana en Estados Unidos se impone el comunismo, por ejemplo, es probable que el deterioro tenga lugar de acá a 10 años. A corto plazo, parecerá que “todo funciona bien”.

De la misma forma, si en un país como Venezuela irrumpe el libre mercado, a corto plazo todo podría parecer peor. Sin embargo, a largo plazo inevitablemente mejorará.

¿Y por casa cómo andamos? ¿Cómo han cambiado nuestras instituciones durante estos años?

Más Libertad Económica

Entre los economistas, decía, hay cierto consenso respecto de que algunas instituciones promueven el progreso más que otras. Si un país respeta la propiedad privada, tiene más chances de crecer. Si un país tiene libre comercio, crecerá más que quien es proteccionista. Si un país no tiene inflación ni controla los precios de los bienes y servicios, lo mismo…

A este conjunto de variables se las suele reunir bajo el concepto general de “libertad económica”. Así, está bastante aceptado que mayores niveles de libertad económica conducen (a largo plazo) a mejoras en la calidad de vida.

En el cuadro de abajo pueden observarse diferentes variables que nos permiten medir el grado de libertad económica de este año en comparación con el que prevalecía a finales de 2015.

Como se observa, tenemos numerosos indicadores que podemos agrupar en tres grandes grupos: política fiscal y tamaño del estado; inflación y regulaciones; vínculo con el mundo.

En términos del tamaño del estado, vemos en primer lugar que (si sigue aumentando al ritmo al que lo ha hecho hasta mayo) el gasto del gobierno nacional (excluye provincias y municipios) terminará 2019 en un 24% del PBI, 1,9 puntos por debajo de 2015. De acuerdo con el presupuesto del gobierno este dato será sustancialmente inferior, de alrededor del 21%.

Por su parte, el gasto en términos reales sí cayó marcadamente, desde 100 en 2015 a 82 en 2019. Esto se da principalmente por la fuerte reducción de subsidios económicos, que pasaron de un valor real de 100 en 2015, a uno de 31,2 este año.

Por otro lado, la cantidad de empleados de la Administración Pública Nacional cayó desde 431.000 en el primer semestre de 2016 a 397.200 de acuerdo con el último dato publicado.  Es una reducción de 33.800 empleados.

Si nos detenemos en la relación con el mundo, también ha habido mejoras. Pasamos de “no importar ni un clavo” a firmar un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. Además, se eliminaron las discrecionales DJAI y se redujeron sustancialmente las retenciones a la exportación de productos del campo e industriales. Por último, no hay más control de cambios y todo el que quiera dólares puede comprarlos en el mercado.

Finalmente, también se ha mejorado en las instituciones monetarias y el intervencionismo. El Banco Central ya no desconoce que la inflación es un fenómeno monetario y tiene prohibido financiar déficits fiscales. Por su parte, el gobierno ya no reprime la inflación con controles al dólar o a las tarifas, sino que ha eliminado el cepo cambiario y actualizó los precios de la energía de manera muy marcada.

Como puede observarse, desde el punto de vista de la Libertad Económica, 10 indicadores muestran que Argentina está mejor hoy de lo que estaba a fines de 2015.

¿Y los resultados?

Al ver estos datos uno podría legítimamente preguntarse: ¿si se han hecho todos estos cambios positivos, por qué es que el salario real es más bajo, el dólar es más alto, y la economía no creció absolutamente nada en los años de Macri?

La respuesta tiene dos ángulos. En primer lugar, que estas mejoras en Libertad Económica tienen –como decíamos- su efecto positivo a largo plazo. A corto, incluso, pueden generar un shock adverso, como tener que pagar más por los servicios públicos.

El segundo punto, y más relevante aún, es que si bien muchas instituciones económicas mejoraron, el déficit fiscal no solo no mejoró sino que incluso se deterioró durante los primeros años del macrismo. Ése ha sido siempre el punto débil de la economía argentina.

Para ir cerrando, dejo dos conclusiones.

La primera: que en 10 indicadores diferentes, la economía está mejor que en 2015 y por lo tanto presenta mejores perspectivas para crecer en el futuro.

La segunda: que la crisis no se debió a estos cambios positivos y liberalizadores, sino a los que quedaron pendientes. De hecho, todavía quedan muchos por hacer.

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