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Ajuste va a haber, pero no de la política

Sin crédito y sin moneda, para lo que no hay espacio es para seguir gastando.

En su primera conferencia de prensa tras ser designado Ministro de Economía, Martín Guzmán afirmó que “en 2020 no se puede hacer un ajuste fiscal”.

Para tranquilizar a la audiencia más ortodoxa, Guzmán no le quitó importancia a la salud de las cuentas públicas. Así, afirmó también que “el superávit fiscal es necesario para el buen funcionamiento del sistema monetario y el pago de la deuda”, pero que llegar al superávit ajustando más en 2020 iba a ser contraproducente.

Ocurre, claro, que el discípulo de Joseph Stiglitz cree que los ajustes fiscales son por naturaleza recesiva. Es decir, que si el gobierno recorta el gasto en, supongamos, obra pública, entonces eso implicará menos puestos de trabajo, por tanto menor consumo, por tanto menor demanda y, finalmente, menor producción.

Tal vez habría que preguntarse si, de ser cierto esto, no sería cierto también el razonamiento inverso: aumentar el gasto público siempre es bueno para la economía porque aumenta el empleo, eso aumenta el consumo y eso aumenta la producción.

Pero mejor no lo hagamos. Es que vamos a chocarnos con la dura realidad. Entre el 2011 y el 2016 el gasto público como porcentaje del PBI pasó de 34,9%  del PBI al 41,5%. No obstante, en dicho período, ni se movió el empleo, ni se mosqueó -siquiera- la producción

Plata en el bolsillo

Ahora bien, volviendo a la idea inicial, sería interesante saber a qué se refiere el ministro.

Hasta octubre de 2019, el gasto primario del gobierno nacional cayó 1,5 puntos del PBI, 0,9 puntos explicados por la licuación de las jubilaciones, de los salarios públicos y la caída real de lo que se destina a subsidios económicos.

¿Será que eso es lo que se frenará, dadas las promesas de campaña de Fernández, quien llegó para “ponerle plata en el bolsillo a la gente”?

Seguramente, sí.

El tema es que si se abandona y se revierte ese camino, entonces el gasto volverá a crecer más que los ingresos. Y si eso ocurre, el déficit primario del año que viene será superior a los cerca de USD 3.000 millones con los que cerrará 2019.

¿Ahora cómo ampliar el déficit primario en un país que tiene absolutamente bloqueado el acceso al crédito y que, encima, está estudiando de manera urgente patear los pagos de la deuda e imponerles quitas a sus acreedores?

Claramente, la alternativa de la deuda no existe para esta situación.

Otra alternativa podría ser emitir dinero. De hecho, para los teóricos de la Teoría Monetaria Moderna, amigos de algunos diputados del Frente de Todos, no hay ningún problema con eso. El estado no puede quebrar, dicen, puesto que siempre puede acudir a su “soberanía monetaria”… Por suerte el Ministro Guzmán no parece ser fiel a esta doctrina. Afirmó también que “financiar una expansión con emisión monetaria sería desestabilizante”.

¿Cómo cuadrar, entonces, las promesas de mejoras para los jubilados y los trabajadores, con la importancia que tiene cuidar el equilibrio de las cuentas públicas?

Por supuesto, el lector ya adivinó. Habrá que pagar más impuestos. Pero no vayan a quejarse. Recuérdese que la nueva palabra favorita de Alberto Fernández es la solidaridad. Con plata ajena, claro, y a fuerza de leyes.

Platos Rotos

Así que más allá que digan que no va a ocurrir en 2020, lo cierto es que dadas las circunstancias, el ajuste es inevitable. Lo que hay que resolver es quién será el que lo pague.

Y como el gobierno no quiere recortar su propio gasto, no tiene acceso al crédito, y no puede utilizar “la maquinita”, entonces tomará el dinero compulsivamente del sector privado.

Los candidatos que más números tienen para pagar los platos rotos de esta nueva fiesta de deuda son los exportadores y aquellos argentinos (y argentinas) que tienen alto patrimonio.

Este año los derechos de exportación representaron el 1,5% del PBI, pero la tasa del impuesto no superó el 10% de lo vendido. En la filosofía de los Fernández, hay “margen” para subir ese porcentaje.

Por su parte, Bienes Personales es un impuesto que nunca recaudó más del 0,4% del PBI… pero todo suma a la hora de hacer populismo con dinero ajeno. 

Finalmente, para el que sintoniza tarde el canal de la política argentina, ahora acaba de aprender una nueva lección: cuando en política se habla de solidaridad, y ésta no quiere recortar su gasto, entonces a prepararse: hay que pagar más impuestos.

Triste noticia para quien decidió hacerse rico en este país y quien decidió sembrar y exportar granos. Ahora también, ¿a quién se le ocurre semejante temeridad en esta tierra de locos?

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