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Canje de deuda: nuevo experimento del Doctor Guzmán

Si usted quiere saber cómo será el futuro, solo mire al pasado.

Martín Guzmán se recibió de economista en el año 2005 en la Universidad Nacional de La Plata. Quienes lo conocen de esa época destacan dos cosas. Por un lado, su brillantez y vocación por el estudio. Por el otro, sus marcadas tendencias heterodoxas y contestatarias para con el “paradigma dominante”.

Para aclarar, el “paradigma dominante” en economía sostiene cosas tales como que el mercado es un buen mecanismo para asignar los recursos de una sociedad, que el libre comercio beneficia a todos, que emitir demasiado dinero genera inflación y que es deseable que los gobiernos mantengan cierto equilibrio en las cuentas públicas.

Tras su paso por la Universidad de La Plata, donde también se recibió de Magíster, aterrizó en una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos, la Universidad de Brown, donde recibió su título de doctor.

Ya en la Universidad de Columbia, fue recibido por uno de los líderes globales de la heterodoxia económica, Joseph Stiglitz, quien dirigió su tesis de post-doctorado, y con quien comenzó a escribir sobre temas de deuda pública.

Ricos y poderosos

Escribiendo en el año 2015 Stiglitz y Guzmán planteaban que había que encontrar un mecanismo para que los países pudieran restructurar su deuda con menos obstáculos. Es decir, que pudieran incumplir los contratos asumidos con menos trabas judiciales y legales.

“Los gobiernos a veces necesitan restructurar su deuda. De otra forma, la estabilidad económica y política de un país puede verse amenazada”, sostenían los autores.

“Los deudores en apuros necesitan un nuevo comienzo [pero] las disputas generalmente no se resuelven en base a reglas que aseguren una resolución justa, sino con una negociación entre desiguales, en donde los ricos y poderosos suelen imponer su voluntad a los demás”, prosiguen.

Debemos detenernos aquí por un instante. En Argentina los reperfilamientos bajo ley local son avalados por la justicia. Jamás el gobierno ha tenido muchos problemas en la jurisdicción local para no pagar la deuda.

En ese contexto: ¿quién es el “rico y poderoso”? ¿El gobierno, que maneja a su antojo los resortes judiciales y gasta USD 200.000 millones al año, o la PYME que factura $AR 5 millones con suerte y decidió ahorrar en LETES, Lecap, y un sinnúmero de etcéteras para evitar que la inflación le reventara el ahorro?

Por otro lado, si dado que los tribunales locales son absolutamente injustos con los acreedores, nadie más quiere prestarle a un gobierno manirroto, y no queda otra que ir a cortes internacionales, ¿quién tiene la culpa?

El supuesto “rico y poderoso” que le presta a la Argentina, o el propio gobierno que no solo se cansó de estafar a los acreedores locales sino que ahora va y solicita crédito allí donde es más difícil defaultear.

La caricatura de Guzmán y sus académicos heterodoxos pinta al gobierno argentino como un pobre viejo al que no le quedó otra que acudir al usurero para que le preste los pocos pesos que le faltaban para darle de comer a sus hijos. Los argentinos que vivimos aquí todos los días sabemos que la película es bien distinta.

Anillo al dedo

Como sea, este relato le vino bien al nuevo gobierno de los Fernández. Economistas argentinos que odien al FMI y a los acreedores internacionales hay de sobra.

Sin embargo, ninguno había con el “pedigree académico” de Guzmán. Ninguno escribía junto a un Permio Nobel de Economía que logró que la ONU aprobara un protocolo de 9 principios básicos para futuras reestructuraciones de deuda. (Que dicho protocolo no fuera firmado por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Israel, Japón y el Reino Unido, acaso los países con mejores instituciones financieras del planeta, igualmente no es un detalle menor.)

Los títulos, la carrera, y el área de investigación de Guzmán le vinieron como anillo al dedo al gobierno, que encontró un revestimiento académico para lo que siempre se hizo y quiso hacer: endeudarse, no pagar y tener aire para poder seguir gastando.

Recientemente el Ministro presentó su propuesta de canje a los acreedores externos. Si los nuevos bonos (que no pagarán nada por tres años) se descuentan a una tasa del 10%, el valor presente está entre USD 37,6 y USD 41,2 por cada 100 VN. Si esa tasa sube al 12, los valores de recupero caen hasta USD 35,3 en el tramo corto y USD 29,9 en el segmento de largo plazo. Así las cosas, parecía que no habrá acuerdo y Argentina iría a su noveno default de deuda soberana.

¿Será un problema esto para las autoridades argentinas? ¿Lo será para Guzmán?

Es probable que no. En definitiva, en la visión oficial, la culpa no es del gobierno, no es del déficit fiscal, no es del aumento del gasto público, no es de una presión fiscal que impide que el país crezca… El problema es la defectuosa “arquitectura financiera internacional” que favorece a los “ricos y poderosos” porque dificulta el “pagadiós”.

Así que si usted quiere saber cómo será el futuro, solo mire al pasado.

Argentina en default, economía en ruinas, pobreza en aumento… Y un gobierno diciendo que la culpa la tienen los de afuera. Braden o Perón, una vez más.

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