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Duras lecciones de Grecia para Argentina

Hace 9 años y por los mismos problemas, Grecia ingresó en un sendero de elevada incertidumbre y salvatajes internacionales.

La semana que acaba  de pasar fue, sin dudas, la peor semana financiera de todo el año. Cuando parecía que después de la debacle de 2018 las cosas podrían comenzar a “calmarse”, el Riesgo País llegó a su máximo de toda la era Macri y el dólar también saltó hasta superar holgadamente los $ 47.

El futuro es cada vez menos predecible y, si bien tarde o temprano las variables se estabilizarán, el tema es saber cuánto más pueden empeorar antes de mejorar.

Desde mi punto de vista, la situación no justifica los gritos de hiperinflación,  corralito, o default inevitable. Sin embargo, sí es cierto que podemos ver mayores subas del dólar, de la inflación, y una recesión económica más grande de lo originalmente previsto.

¿Por qué digo esto? Porque las experiencias recientes de ajustes poco creíbles e intervenciones del FMI no han sido las mejores. En el año 2010, Grecia fue rescatada con un  paquete del FMI y otros organismos internacionales con € 110.000 millones. Sin embargo, recién el año pasado pudo encadenar dos años de crecimiento económico consecutivo.

Dos claves para entender la semana

Lo que pasó con los mercados en estos días puede entenderse como la combinación de dos elementos que jugaron cada uno su rol.

El primer elemento es claramente el “riesgo político”. En la medida que nos vamos acercando a las elecciones, crece el temor porque una opción ultra-populista se imponga y termine siendo gobierno a partir de diciembre de este año.

Es cierto que aún no sabemos si Cristina será candidata. Pero todos los referentes de su espacio comparten al menos estas tres apreciaciones o características:

  • El FMI es lo peor que le puede pasar a Argentina.
  • Creen que la solución a la economía argentina es seguir gastando  y emitiendo dinero.
  • Han festejado no pagar deudas en el pasado.

Este panorama no es el más alentador para un inversor en bonos argentinos, como se podrá imaginar. Así que si la idea es que “va a venir Cristina”, el inversor prefiere vender los bonos y dormir tranquilo. La consecuencia directa de eso es la caída del precio del bono y la suba del Riesgo País.

Ahora bien, aun cuando el fantasma del regreso de Cristina mete miedo en los mercados financieros, el gobierno no está exento de responsabilidades. No es cierto que todo sea culpa de que “se viene el populismo”.

De hecho, si ése fuera el único problema, la debacle económica de 2018 nos la hubiéramos ahorrado, porque ahí no había elecciones a la vista. Por otro lado, el aumento de la deuda por más de USD 90.000 millones no fue responsabilidad del kirchnerismo, ya que ocurrió durante el período 2015-2018….

Ahora a la deuda hay que pagarla.

En este sentido, el segundo elemento que genera incertidumbre es que el gobierno cada vez tiene menos credibilidad. Por el lado del Banco Central, las autoridades monetarias se comprometieron a una regla que ya cambiaron (o ajustaron) unas 4 o 5 veces.

Por el lado del gobierno, no solo ha errado todos los pronósticos, sino que –en su desesperación por ganar las elecciones- lanzó un paquete de medidas populistas que incluyen precios fijos por seis meses, créditos blandos y tarifas congeladas hasta fin de año.

Estas jugadas le restan credibilidad al ajuste que el gobierno lleva adelante y, por tanto, también aumentan los incentivos a vender activos argentinos.

¿Podremos mejorar?

El caso griego

En el año 2010, un país históricamente irresponsable desde el punto de vista de las cuentas fiscales como  Grecia había alcanzado un ratio de deuda sobre su PBI de 130%. La deuda fue el resultado directo del aumento del gasto público (que pasó de € 63.000 millones a € 117.000 millones en 8 años) y los déficits fiscales, que llegaron a alcanzar el 10% del PBI.

Cuando la situación fiscal griega se volvió insostenible, no quedaron muchos caminos por tomar. A diferencia del kirchnerismo, el gobierno griego no podía acudir a la emisión monetaria para pagar el gasto deficitario con inflación.

Así las cosas, quedaban tres alternativas. O el gobierno decidía un fuerte ajuste del gasto público, o decidía una fuerte suba de los impuestos, o todo eso lo hacía pero de forma más suave gracias a la asistencia de un prestamista de última instancia.

Dicho prestamista fue el FMI, junto con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. A este conjunto de acreedores internacionales, que en abril de 2010 le prestaron € 110.000 millones al gobierno griego, se lo conoció como “la Troika”.

Al igual que en el caso argentino, se esperaba que con  la asistencia de semejante monto de dinero, las variables financieras se estabilizaran. En definitiva, lo que hacen estos prestamistas internacionales (que, cabe aclarar, usan dinero de los contribuyentes para hacer sus rescates) es dar dinero para asegurar los pagos de vencimientos de deuda, pidiendo a cambio ajustes y reformas para que el país pueda volver a “caminar solo”.

Sin embargo, éste no fue el caso. El riesgo país griego (que en Europa se conoce como Prima de Riesgo) llegó a estar 450% por arriba del momento previo a la llegada del FMI. Es decir, incluso con semejante apoyo internacional, las aguas financieras estuvieron lejos de aquietarse.

Fue recién después de un segundo rescate, y de varias reestructuraciones de deuda, que el riesgo país comenzó a bajar allá por el año 2012. Sin embargo, volvió a duplicarse respecto de su valor inicial cuando un partido político similar al kirchnerismo (Syriza) comenzó a tener chances electorales.

En el año 2015, tras haber instaurado un corralito bancario y con un PBI per cápita casi 20% inferior al de 2010, el FMI presta € 7.600 millones adicionales y los mercados financieros finalmente comienzan a estabilizarse.

Como decíamos al principio, recién el año pasado la economía griega pudo volver a encadenar dos años de crecimiento seguidos.

La enseñanza y el futuro

Argentina en 2019 está en una situación bastante similar a la de Grecia. Tiene alto déficit fiscal, alta deuda pública y un gigantesco programa de asistencia del FMI. Además, las chances de que gane una alternativa ultrapopulista es alta, lo que incrementa con fuerza la incertidumbre.

La diferencia quizás es que Argentina tiene “moneda propia”, pero eso no es un dato positivo si uno mira la inflación. En la medida que tengamos un Banco Central con poca credibilidad y tipo de cambio libre, todo aumento de la incertidumbre implicará mayor devaluación y mayor inflación.

El lado positivo de esto es que el impacto en el desempleo y en el nivel de actividad tal vez no sea tan alto como lo sería su no tuviéramos moneda propia. Ahora también cabe preguntarse si hubiésemos llegado aquí en ese caso.

Para cerrar, las enseñanzas que deja el caso griego no son las mejores. A pesar de la asistencia internacional y el programa de ajuste, la economía puede empeorar y mucho antes de comenzar a recuperar.

Veremos qué pasa en los días por venir.

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