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El Banco Central no debe modificar su regla monetaria

Es peor perder reputación que permitir que el dólar se mueva.

No hay nada más permanente en la condición humana que el cambio. Ahora Argentina es un caso extremo. Hace unos pocos meses los economistas discutían acerca de si el Banco Central debía o no comprar dólares en el piso de la banda.

Dos meses después, y con el dólar llegando a estar 10% por encima del piso de la Zona de no Intervención, la discusión pasó a ser totalmente opuesta. “¡Hay que intervenir!” “¡El dólar no tiene techo!” “¡El FMI no entiende que tenemos una economía bi-monetaria!”

¿Qué nos pasa?

Quienes al debutar el esquema decían que el dólar se iba a ir al techo de $44 aprovecharon para atacar de nuevo. Tras una caída de 18% en términos reales entre octubre y marzo, la suba de 7% en pocos días les sirvió para decir: “¿Vieron que teníamos razón? Ahora sí que explota todo”.

Ahora bien, ¿qué debería hacer el Banco Central? Lo cierto es que hasta dentro de la autoridad monetaria se notó el nerviosismo por el movimiento del tipo de cambio.

Reglas vs. Discreción

En la literatura específica de la política monetaria se discute acerca de si los Bancos Centrales deben guiarse por reglas fijas o bien darles más margen de maniobra a los banqueros centrales, para que con su conocimiento “de experto” puedan optimizar las decisiones.

Para ejemplificar la disputa, George Selgin pone el caso de un grupo de alumnos de colegio que deciden irse de campamento con una cantidad fija de comida. Obviamente, debe establecerse un mecanismo de decisión acerca de cómo racionar el alimento. Y, es obvio también,  que no todos los acampantes tienen las mismas características físicas y necesidades de alimentación.

En este contexto, se debe optar. O bien el grupo elige una regla en donde, por ejemplo, se le da una ración fija a todos, dejando a los más “grandotes” insatisfechos y a los más “menudos” con sobrantes. O bien se opta porque un delegado del grupo decida, con su mejor juicio, cómo será la asignación en cada caso.

La cuestión con esta disyuntiva es que ninguna es, a priori, mejor que la otra. La mejor elección, en realidad, vendrá dada por aquella que tenga la posibilidad de hacer menos daño.

En el caso de la regla los perjuicios son claros. Uno recibirá “de más”, mientras que otro recibirá “de menos”. En el caso de la discreción los perjuicios pueden no aparecer tan claramente expuestos, pero qué pasa si el que reparte la comida decide darle más a “los amigos” y menos a “los enemigos”. Dicha situación es aún peor que la de la regla, porque es ineficiente y también injusta.

El dólar y la política monetaria

Con la política monetaria ocurre lo mismo. Pongamos por ejemplo el caso del dólar. Si el banco central decide ubicarlo en un nivel “muy bajo”, los exportadores e inversores extranjeros se quejarán. Ahora reciben menos pesos por cada dólar que traen al país.

Si el banco central decide ubicarlo “muy alto”, entonces los exportadores festejarán, pero lo contrario ocurrirá con los importadores, los ahorristas locales y todos los consumidores de alimentos –quienes verán mermada su capacidad adquisitiva.

¿Qué hacer entonces? Una idea interesante es dejar que el dólar sea fijado por “el mercado”. Es decir, todas las personas que lo compran y lo venden. Ese es el esquema que funciona en la mayoría de los países del mundo, y también en los de nuestra región.

En el caso argentino, ese sistema también prevalece pero dentro de una banda de flotación. El Banco Central estableció que los movimientos del dólar serán libres pero siempre y cuando el precio no caiga de $39 y no suba de $ 51 (ajustándose éstos al 1,75% mensual).

Por otro lado, se estableció que la cantidad de dinero (definida esta como la Base Monetaria) no crecerá de aquí hasta que termine el 2019. O sea que el Banco Central eligió una regla muy precisa para trabajar.

Ahora en momentos en que todos piden que esa regla se rompa y se intervenga de manera directa en el mercado, es más necesario que nunca que se mantenga.

Es que si el Banco Central decidiera ponerse a vender reservas, tal vez estabilizaría al tipo de cambio más rápido. Sin embargo, lo haría al costo de una pérdida de reputación, en una institución cuya reputación ya está bastante por el piso.

Volviendo al punto: no hay que elegir la alternativa óptima, sino la menos mala. Y el costo de perder credibilidad podría ser infinitamente más alto que el de permitir una mayor volatilidad cambiaria.

Tiros en el pie

Habiendo enfatizado la importancia de mantener la regla, también es necesario decir que el propio Banco Central fue bastante poco respetuoso de la misma. El cuadro de abajo muestra las idas y vueltas que la propia autoridad monetaria dio en estos escasos 6 meses desde que comenzó su nuevo esquema monetario:

Cuadro 1. Anuncios Monetarios y Cambiarios desde Octubre de 2018.

Fecha Anuncio
Octubre 2018 Crecimiento 0% de Base Monetaria hasta Jun-19
Ajustes estacionales en Diciembre y Junio
Piso de Tasa en 60%
Zonas de No Intervención ajustan al 3% Mensual.
Intervención en Bandas de USD 150 M diarios.
Diciembre 2018 Crecimiento de Base Monetaria del 1% mensual a partir de Junio.
Fin del piso de tasa.
Bandas actualizarán al 2%.
Compra de USD baja a USD 50 M diarios.
Enero 2019 Aumenta el límite de compra de USD a USD 75 M diarios
Febrero 2019 Marcha atrás, la compra de dólares vuelve a USD 50 M diarios.
Marzo 2019 El aumento de la BM será de 0% hasta diciembre de 2019.No hay ajustes estacionales.Bandas ajustarán al 1,75% mensual.
Abril 2019 Nuevo piso para la tasa de interés, de 62,5%.

Fuente: ICYA en base a BCRA.

Es necesario  mantener las reglas por sobre la discreción y la imprevisibilidad.

En este sentido, no importa tanto que la regla no sea óptima (¿cuál lo es?). Pero sí importa que se cumpla para que el Banco Central vaya recuperando credibilidad.

A largo plazo, no hay otra forma de bajar la inflación y la volatilidad que tanto nos molesta.

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