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El coronavirus y su impacto en la economía

Los mercados se desploman porque esperan una economía en recesión.

El coronvirus es y será, sin dudas, el tema del año 2020. A pocos meses de andar, este verdadero Cisne Negro se catapultó a una velocidad impresionante hacia las portadas de todos los diarios y ocupó, como una marea descontrolada, la totalidad de las horas de medios de radio, televisión y redes sociales.

No es para menos. En China, en menos de 3 semanas, los infectados por esta nueva enfermedad pasaron de 0 a 25.000. Hoy en día hay cerca de 80.000 infectados en el gigante asiático y 140.000 casos en todo el mundo. A mediados de enero nadie había oído hablar del coronavirus.

Si bien la tasa de mortalidad del COVID-19 parece baja (cercana al 2% según algunos estudios), lo cierto es que a este ritmo no se sabe cuál podrá ser la población total alcanzada sobre la que habrá que calcular ese 2%. El 2% de 140.000 son 2.800 personas, pero si la propagación continúa, ¿por qué no pensar en números de 10.000 o hasta 50.000 víctimas fatales?

Además, la tasa de mortalidad es mucho más alta en personas mayores, donde asciende al 9,8% y 18% en edades superiores a 70 y 80, respectivamente.

El efecto económico de esta plaga podría ser realmente devastador, y es por esto que los mercados están mostrando desplomes casi nunca antes vistos.

Shock de Oferta

Para comprender el impacto económico del virus podemos pensar en una empresa y su proceso de producción. Si imaginamos que la empresa es una fábrica que produce cajas, ésta puede verse afectada principalmente por dos vías.

Por un lado, puede verse enfrentada a una caída de la demanda, ya sea porque sus clientes pierden poder adquisitivo (como consecuencia, por ejemplo, de la inflación), o bien porque deciden comenzar a comprarle a la competencia.

Por otro lado, la compañía también puede sufrir por falta de los insumos necesarios para producir. Y esto nos lleva al que se considera el insumo productivo por excelencia: el factor humano. Si los trabajadores de la empresa, ya sean los de la línea de operarios, el personal administrativo, o el gerencial, por algún motivo no pudieran asistir a la fábrica, entonces no habría nada que vender, y la empresa no podría continuar generando rentabilidad.

Queda claro, entonces, que el coronavirus, al afectar o amenazar con afectar directamente a la población que produce en todas las empresas del planeta, golpea directamente el motor productivo del mundo. Se dice en economía que la producción depende de tres recursos fundamentales: la tierra, el capital y el trabajo.

Gracias al COVI-19, hoy el trabajo (en condiciones de utilizarse), ha caído en picada. Las cuarentenas, sean voluntarias o impuestas, están impidiendo en cada vez más países que los trabajadores vayan a trabajar. Como consecuencia, hay menor producción y, por tanto, una peor satisfacción de las necesidades de los ciudadanos.

Ahora como vivimos en un mundo interconectado, esto funciona como un efecto dominó. A la empresa de cajas no solo no están asistiendo los empleados por enfermedad o cuarentenas preventivas, sino que tampoco están llegando los insumos, que son importados de China, donde las empresas también enfrentan la misma situación.

Desplome de mercados

Con esta realidad enfrente, y la expectativa de que las cosas se pongan aún peores, es que los mercados reaccionaron con violentas caídas. En lo que va del año, el índice de las 50 compañías más grandes de Europa, el Eurostoxx 50, acumula una caída de 31%, mientras que el S&P 500, de los Estados Unidos, caía un 20% hasta el viernes. La bolsa argentina, obviamente, no quedó ajena a la debacle global. En lo que va del año se derrumba 32%… en pesos, con lo que la caída en dólares es aún peor.

Lo que ocurre aquí es que  los mercados se anticipan al efecto que el coronavirus generará sobre las empresas y su rentabilidad. Es que, como decíamos más arriba, con dificultades para liberar la producción, las compañías deberán enfrentar los costos fijos del negocio sin obtener ingresos a cambio. Así, en la medida que la situación se prolongue en el tiempo, mayor será la acumulación de resultados negativos, lo que podría generar la quiebra de muchos negocios.

Algunos Bancos Centrales del mundo anunciaron el lanzamiento de medidas de estímulo que, en última instancia, inyectan dinero en el mercado con la esperanza de que una menor tasa de interés recomponga el valor de los activos. Sin embargo, estas medidas corren el riesgo de solo generar aumentos en los precios, pero sin efectos concretos en la economía real.

El motivo es sencillo: no hay personal para trabajar, se producen menos bienes y servicios, pero hay más dinero para comprarlos. La inflación es el resultado más esperable.

¿Y Argentina?

A nuestro país no será la primera vez que un Cisne Negro lo agarre prevenido. Ahora bien, no se trata de la prevención por lo mucho y bueno que pueden estar haciendo nuestras autoridades sanitarias.

Tampoco, es claro, se trata de la prevención derivada de un gran espacio fiscal para emprender medidas de estímulo que –por ejemplo- bajen impuestos para dar aire a las empresas que entrarán en problemas.

En realidad, estamos en una prevención derivada de nuestra situación de aislamiento total del mundo civilizado. Es que, tras las elecciones PASO de agosto de 2019, el riesgo país, que ya estaba en niveles elevados, se catapultó a 2500 puntos. Eso hizo que el valor de las acciones, medidas en dólares, se desplomara un 50% en un solo día.

Frente a esto, una caída del 30% acumulada en 3 meses parece un juego de niños. Pero no hay nada que festejar aquí. La realidad es que cuando uno está bien “en el horno”, las cosas no se pueden poner mucho peor.

Sin embargo, todavía hay espacio para empeorar. Es que, en la medida en que esta situación internacional dificulte la negociación de la deuda, y el gobierno crea que emitir pesos no solo lo ayudará a reducir el costo del crédito sino también a financiar el exceso de gasto, podemos llegar a un escenario de crisis grave.

Es decir, una nueva recesión de más de 2 puntos porcentuales, combinada con una inflación que podría ser incluso peor que la del año pasado.

Obviamente, esto no necesariamente ocurrirá. Del Ministerio de Economía y del Banco Central depende. Habrá que ver cómo se maneja.

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One Comment

  1. Mauricio Duarte Mauricio Duarte 22 marzo, 2020

    Clarísimo!

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