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Fue el”efecto Alberto” el que derrumbó a los mercados

Se trata de una realidad tan evidente que llama la atención que se la cuestione.

Suele decirse que una de las diferencias más importantes entre las ciencias naturales y las ciencias sociales es la posibilidad de realizar experimentos.

En ciencias naturales parecería fácil hacerlo. Si queremos saber a qué temperatura hierve el agua, basta poner una olla sobre una hornalla, un termómetro adentro y verificar que el hervor llega cuando el agua alcanza los 100 grados.

En ciencias sociales no es tan sencillo. Si quisiéramos probar la ley de la demanda, que sostiene que a mayor precio se demandan menos cantidades, deberíamos contar las cantidades compradas de un bien el día que el bien vale $ 10, por ejemplo, y luego hacer lo mismo otro día posterior, en que el bien se ofrezca a $ 15.

Obviamente, puede ocurrir que nuestro experimento efectivamente verifique nuestra hipótesis. ¿Pero qué ocurriría si, al mismo tiempo que el bien pasa de $ 10 a $ 15, los demás bienes de la economía también subieron, pero más del 50%? ¿O qué ocurriría si, en realidad, producto de un cambio en las expectativas, a $ 15 resulta haber más compradores que menos?

¿Refutaría eso la ley de la demanda?

La respuesta es negativa. Pero el problema que subyace al experimento es que es difícil mantener “todo lo demás constante”. En la olla, con el fuego y el termómetro, son pocas las variables a controlar. En el mercado, con los gustos, las expectativas, la inflación y las políticas públicas, las variables son excesivamente numerosas y complejas.

No obstante, a veces en las ciencias sociales aparecen eventos que se asemejan mucho a un experimento natural.

La situación previa a las elecciones

Para evitar el problema de “las otras variables” que influyen en el fenómeno que se quiere observar, los economistas ponen como supuesto que ellas permanecen sin modificaciones. A esto le llaman ceteris paribus. O sea, si sube el precio de un bien, ceteris paribus, la cantidad demandada caerá.

Algo bastante similar al ceteris paribus de los economistas ocurrió el fin de semana del 11 de agosto de 2019.

Hasta el viernes 9, la economía argentina mostraba una foto bastante lúgubre, pero no descontrolada. ¿Qué quiero decir? Que la economía estaba en recesión, la inflación era excesivamente elevada, y el riesgo país era de los más altos de la región producto de la enorme deuda pública con la que cargamos.

No obstante, en la dinámica, estas variables se habían mostrado, o bien estables, o bien con marginales mejoras. La inflación, por ejemplo, acumulaba unos cuatro meses de descensos, el dólar se había mantenido largamente por debajo del piso de la banda y el Riesgo País, especialmente después de la decisión de Macri de incluir a Pichetto como compañero de fórmula, se había movido a la baja.

A todo esto habría que sumarle que la bolsa porteña acumulaba una suba que, medida en dólares, era la más marcada del mundo.

Ceteris paribus, Alberto ganó las PASO

Sin embargo, todo este frágil equilibrio se modificó de manera súbita tras el resultado de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias.

El riesgo país, que había cerrado en 872 puntos básicos el viernes, se catapultó un 68% hasta los 1467 el día lunes. Al otro día el mismo ya se había duplicado contra el viernes previo.

La bolsa, por su parte, mostró la segunda caída más grande de la historia de los mercados financieros del mundo, derrumbándose 48% en dólares. Por último, el dólar estalló, llegando a suprar los $ 60, tras los $ 44 que había marcado el viernes 9.

¿Qué cambió de un día al otro? ¿Fue el déficit fiscal? ¿Fue el nivel de deuda? ¿Fue la deuda pública? ¿Fueron los mercados internacionales? ¿Se desató una guerra con Chile? ¿Nos invadieron los ingleses? ¿Asesinaron al presidente?

La respuesta es que, de todas las variables relevantes, la única que cambió fue la variable política: el candidato Alberto Fernández, que lleva como vicepresidente a la autora del cepo al dólar y del default con los holdouts, el que dijo que iba a pagar gasto público con emisión monetaria y que había que elegir entre “los bancos y los jubilados”, ganó las elecciones por un margen que nadie, ni el más kirchnerista, había previsto. Sacó 49% de los votos y prácticamente se instaló como nuevo presidente de Argentina.

Creo que frente a tan contundente experimento, muchos de las ciencias naturales deben estar envidiando a los economistas. Pocas veces fue tan sencillo encontrar una explicación a un cambio en las condiciones del mercado.

Curiosamente, algunos analistas se empeñan en seguir negándolo. O bien dedican increíbles esfuerzos a cuadrar el círculo.

Una nota final: nada de esto quita responsabilidad al gobierno de Macri por haber llevado a la economía a una situación de fragilidad. La crisis de 2018, que comenzó con un dólar a $ 20 y terminó con uno a $ 40 es entera responsabilidad del gradualismo fallido de Cambiemos.

No obstante, los hechos recientes se explican por el “efecto Alberto”, pero no eran inevitables. Si otro hubiera sido el resultado de las elecciones, otra hubiera sido la reacción del mercado. Ahora cuando gana aquél que el mercado más teme, los resultados no pueden ser diferentes.

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