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El populismo se paga caro (con o sin dolarización)

La culpa de la crisis en Ecuador no es del FMI, sino del despilfarro público.

Dicen que gastar más de lo que se recauda no es ni de izquierda ni de derecha, sino simplemente de mal gestor. Ahora sea “zurda” o “diestra”, las consecuencias de dicha gestión son inevitables. En Argentina las conocemos bien, pero ahora es otro el país que ocupa la tapa de los diarios.

Recientemente, en Ecuador una turba de manifestantes puso en vilo a todo el país en rechazo de la decisión histórica del presidente, Lenin Moreno, de eliminar un subsidio a los combustibles.

La ira de los manifestantes (y de muchos observadores internacionales también) apunta principalmente contra el Fondo Monetario Internacional, que a cambio de un préstamo de USD 4.200 millones (más USD 6.000 millones de otros organismos como el Banco Mundial y el BID), exigió algunas reformas de índole fiscal.

Otro de los blancos preferidos es la dolarización. Un reciente artículo de Ámbito Financiero sugería que “lo que detona en Ecuador es la dolarización”.

Ocurre aquí que Ecuador, allá por el año 1999, abandonó su moneda (el Sucre) en el medio de una crisis que llevó al tipo de cambio de 200 a 25.000 en pocos años. Cansados de ser estafados por la inflación, fueron los propios ecuatorianos los que comenzaron a ahorrar y operar en dólares.

Finalmente, el gobierno adoptó de manera legal lo que ya era na costumbre generalizada.

Dolarización, petróleo y crecimiento

La dolarización, como era esperable, destruyó la inflación. En 2 años, la tasa anual pasó del 90% a menos del 10% y desde 2004 en adelante el país ha tenido una inflación promedio de 3% anual.

Desde que se dolarizó, Ecuador multiplicó por 5 su PBI y no ha tenido problemas de desempleo. Incluso con una economía en estado crítico, la tasa de desocupación es hoy del 4%, según datos del FMI.

La prosperidad del período se explica también por el aumento del precio del petróleo, que pasó de 18 dólares el barril en el año 1998 a USD 97,9 en el año 2013. Obviamente, una economía exportadora de petróleo, y con su economía dolarizada, parecía una apuesta imbatible para los inversores. Es así como el riesgo país cayó y el gobierno comenzó a gastar a cuenta de regalías petroleras.

Entre el 2007 y el 2012, el gobierno de Rafael Correa llevó el gasto público de USD 12.000 millones a USD 35.000. Durante dicho período, no obstante, también aumentaba la recaudación, que pasó de USD 13.600 millones a USD 34.600 millones.

Amor por el despilfarro

Ahora para el final de su mandato la situación era diferente. Con el derrumbe petrolero, la recaudación había caído a USD 33.400 millones en 2017. El gasto, sin embargo, continuó elevándose hasta los USD 38.200 millones.

Seguramente se trataría de una extraordinaria política keynesiana de estímulo a la demanda. Sin embargo, el efecto fue totalmente opuesto.

El desmanejo fiscal de Correa fue tal que el déficit llegó al 8% del PBI en el año 2016 y el riesgo país se disparó hasta un máximo de 1.733 puntos el 11 de febrero de 2016. La economía, obviamente, entró en recesión.

Las aguas financieras se fueron calmando una vez que se conoció que Correa sería reemplazado en el gobierno por su ex vicepresidente, Lenin Moreno, de ideas más moderadas.

Desde la llegada de Moreno al poder, la recuperación del precio del petróleo permitió mejorar las cuentas fiscales, pero la pesada deuda de USD 50.000 mil millones exige pagar vencimientos que el gobierno de Ecuador no puede afrontar. Así que para evitar un default (y una reducción del gasto público más ambiciosa), el presidente acudió al FMI.

Pagar la fiesta

Como puede observarse, las historias de Ecuador y de Argentina no son muy distintas. Con o sin “moneda propia” los excesos fiscales de los gobiernos que quieren “gastar para la gente” terminan en déficit, inflación o crisis de deuda.

La situación de Ecuador y Argentina es culpa únicamente de los sucesivos gobiernos que aumentaron de manera irresponsable el gasto público para financiar una fiesta que ahora hay que pagar.

El Fondo Monetario solamente presta dinero para intentar suavizar un ajuste que, si tuviera que hacerse con el financiamiento voluntario del mercado, sería mucho peor.

Pero esa es la historia de nuestro populismo latinoamericano desde la década de los 70. El populista generoso regala lo que no existe. Luego el estado entra en quiebra. Luego el malo de la película es el FMI.

Si no aprendemos de nuestros errores, va a ser difícil que no volvamos a repetirlos.


Recomiendo este video donde converso con Gabriela Calderón sobre la Dolarización en Ecuador: https://www.youtube.com/watch?v=YfnPppLnEXo

También vale la pena leer su último artículo.

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