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¡Hagan algo! ¿Pero qué?

La crisis actual no se soluciona con intervencionismo.

Civilización “y” barbarie es el título que Domingo Sarmiento eligió para su obra sobre la vida de Facundo Quiroga, que publicó en 1845.

Civilización “o” barbarie es lo que se vio ayer en el Congreso de la Nación, cuando Mauricio Macri era interrumpido incontables veces mientras daba su discurso de apertura de sesiones ordinarias.

No sé, tal vez soy un dinosaurio por pensar estas cosas, pero uno esperaría un poco más de nivel de nuestros diputados y senadores, incluso aunque sean kirchneristas. Andar a los gritos e insultos mientras el presidente da un discurso es más para la cancha de fútbol… o para el Tano Passman… que lo hacía desde la casa.

Pero bueno, son los tiempos que corren y,  además, la calle está dura.

Día difícil

El viernes no fue el único día difícil que le tocó atravesar a “Mauricio”. El martes, mientras visitaba un complejo de viviendas en el Sur de la Ciudad, Dante, un obrero de la construcción, se le acercó con cierta desesperación.

En los videos que trascendieron no se puede percibir bien el inicio de la charla, pero luego se escucha con claridad cómo Dante le pide al presidente que “¡Haga Algo!”, que “no importa el otro gobierno” y que “¡Hagan algo la c@#$ de su hermana”.

El pedido del trabajador está directamente explicado por la mala situación económica del país.

La pregunta, entonces es: ¿qué hacer? Años atrás esa pregunta tuvo una respuesta muy clara.

Cuando Keynes pidió que hicieran algo

En general, antes de la década del ’30 el rol del estado en la economía era relativamente pequeño. Existía cierto consenso en que la economía de mercado funcionaba bien, generando crecimiento y prosperidad para todos.

Eso no implicaba que no hubiera crisis, pero cuando llegaban momentos de malaria, por lo general se esperaba un tiempo hasta que la economía volviera a reactivarse.

Cuando la gran Crisis del ’30 llegó, las cosas cambiaron.

Al igual que Dante hace unos días, eran cada vez más las personas que exigían que el gobierno hiciera algo para levantar nuevamente a la economía. El referente más destacado de este movimiento fue, sin dudas, John Maynard Keynes.

En 1933, el economista inglés publicó en el New York Times una carta dirigida al entonces presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt. Allí le sugería no “sentarse a esperar”, sino ponerse al hombro la tarea de la recuperación de la economía.

Para eso, el pedido concreto era que el gobierno saliera a gastar dinero “prestado o impreso”, de manera que aumentara el consumo de la gente y, con ello, la rentabilidad de los negocios.

Enfrentado a la crítica de que gastar con cargo a emisión monetaria podía generar inflación, Keynes respondió en su carta que “las subas de precios deben ser bienvenidas, porque –en general- son un síntoma del aumento de la producción y el empleo”.

Al margen de los eventos posteriores de la crisis del ’30 y su finalización, lo cierto es que a partir de allí siempre se consideró que el gobierno debía “hacer algo” frente a las crisis económicas. Este hacer algo, por lo general, estaba relacionado con subir el gasto, aumentar el déficit, bajar la tasa de interés, entregar subsidios, controlar precios y otras estrategias más típicas del intervencionismo estatal.

Volviendo al presente, el tema es cuán bien encaja todo eso con nuestra situación actual.

¡Deshagan todo!

Argentina hoy atraviesa una crisis económica que comenzó allá por el segundo trimestre de 2018. Tras la conferencia del 28 de diciembre de 2017, la confianza en el programa económico del gobierno comenzó a deteriorarse. A partir de entonces, subieron tanto el dólar como el riesgo país.

A eso se le sumó la sequía y luego un importante “sell-off” de acciones y títulos de países emergentes. Si a eso le sumamos que Argentina es uno de los países con mayor déficit fiscal del grupo, y uno de los pocos con tan alta inflación, la receta para la debacle estaba completa.

En este contexto, es poco lo que el gobierno puede “hacer” en el sentido de salir a gastar, aumentar la deuda, o la emisión monetaria.

Es que, veamos:

  • Si quisiera aumentar el gasto, debería financiarlo con más impuestos. Pero en una economía con 163 diferentes eso no es una posibilidad. Además que aumentar el gasto y los impuestos no tendría nada de “reactivante”.
  • Si quisiera aumentar la deuda, nuevamente se chocaría contra la pared. Es que debería conseguir un acreedor, pero hoy el único que le presta al gobierno a una tasa no astronómica es el FMI.
  • Por último, emitir más dinero en una economía con estos niveles de inflación sería directamente delirante.

Así que en la coyuntura actual, si el gobierno quisiera tomar una medida concreta, más que hacer algo, debería deshacer todo. Es decir, desarmar todo lo que contribuyó a que la economía argentina llegara hasta acá.

En concreto, el aumento del gasto, el déficit fiscal, la emisión monetaria, el cierre al comercio global, las regulaciones laborales, la carga tributaria y un sinnúmero de etcéteras que reflejan, precisamente, el exceso de intervencionismo que nos asfixia hace años.

Dante tiene razón, hay que hacer algo: desarmar la bomba que el populismo armó por décadas.

¿Lo hará Macri? ¿Lo hará alguien, alguna vez?

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