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Inflación 2,9%: ¿Y ahora qué?


En Argentina nada funciona para calmar a los precios.

Todo concluye al fin, nada puede escapar… Esa es la canción de la última semana en mi vida. Se me terminaron las vacaciones y me volví desde el espectacular sur Argentino a la “Ciudad de la Furia”, la calurosa Buenos Aires.

Debo decir, igualmente, que “la City” me recibió bastante bien, con un calor no agobiante y solo un día de lluvia.

Lo que no recibí bien, ni yo ni creo que nadie, fue el último dato de inflación. Justo el día después de que Mauricio Macri dijera que “la inflación está bajando”, el INDEC divulgó la cifra de enero: 2,9% mensual.

Durante diciembre, estos mismos precios habían subido 2,6%, o sea que técnicamente, la inflación está subiendo, no bajando…

Una pésima noticia, especialmente tras cuatro meses en donde parecía que el Banco Central le había encontrado la vuelta a la política monetaria, el dólar, y demás.

Pero aquí estamos, la inflación de enero subió, y encima se espera que en febrero el número sea igual de feo, porque entran a jugar los ajustes de tarifas.

¿Qué hacemos entonces? ¿Tiramos todo por la borda y empezamos de nuevo?

La respuesta es NO.

La inflación, en cierta forma, sí está bajando

Es cierto que si miramos el dato de enero contra el de diciembre, el ritmo al que aumentaron los precios de la economía fue en aumento. Sin embargo, comparada con los datos de septiembre u octubre, sí que la inflación es ahora más baja.

Una forma de ver esto es promediando las inflaciones mensuales (en períodos de dos meses), para ver la evolución de esta variable en forma suavizada. Si hacemos esto, el gráfico muestra un fuerte aumento en la variación de los precios, pero que empieza a ceder a partir de octubre, mes en que comienza la política monetaria de “emisión cero” y el dólar corta su racha alcista.

Gráfico 1. Inflación mensual (promedio móvil 2 meses).

Fuente: Iván Carrino y Asociados en base a INDEC

Si miramos los últimos 4 años de historia local, vemos que este patrón se ha repetido varias veces. La inflación, ya alta para niveles internacionales, pega un salto producto de la suba del dólar, pero luego cuando este vuelve a “estabilizarse”, los precios vuelven a subir al ritmo que tenían previo al salto.

Obviamente, el desafío ahora es que ese ritmo sea cada vez menor, de manera que podamos ver inflaciones de 20%, 15%, 10% y finalmente de un dígito por año.

Eso es lo que está detrás de la idea de que, al menos hasta junio, el Banco Central se abstenga de emitir dinero.

Se sabe que hay una relación directa, y de causalidad, entre dinero y inflación, así que si baja la emisión de dinero, tiene que bajar la inflación.

Ahora bien, qué pasa que incluso con esta política no emisión, la inflación de enero superó a la de diciembre. Luce como un fracaso total: ¿no?

No tan rápido.

Los rezagos

Seguramente alguna vez tuviste una gripe, un resfrío fuerte, o algunos días con fiebre alta. En un principio, te empieza a doler la cabeza, no mucho… pero la cosa se agrava. Luego viene el dolor de garganta, la tos, y un dolor más fuerte en la cabeza, a lo que se suma un cansancio generalizado.

Si vas al médico, éste probablemente te indique que tomes Ibuprofeno, medicamento que te prescribirá por al menos unos cuanto días.

Asumiendo que efectivamente tomás el medicamento como se indica, no esperás que, a las dos horas de haberlo hecho, todos los  síntomas se hayan terminado.

Es decir, existe un período de tiempo (rezago, o lag) entre que uno aplica el medicamento y que la salud mejora.

Algo parecido ocurre con la cantidad de dinero y la inflación. Por ejemplo, en los años 2003 y 2004, la cantidad de dinero en Argentina crecía a un ritmo promedio del 50% anual.

La base monetaria pasó de $AR 29.000 millones en enero de 2003 a $AR 52.000 millones en diciembre de 2004.

Sin embargo, solo a partir del año 2005 el país empezó a experimentar tasas de inflación de dos dígitos.

Lo mismo ocurre a la inversa, debe pasar un tiempo entre que un Banco Central “deja de emitir”, y la inflación empieza a bajar de manera consistente y sostenida.

Está bien documentado, de hecho, que la relación “emisión monetaria => inflación”, ajusta mejor en el largo plazo que en el corto.

Es decir, si uno por 10 años mantiene una emisión monetaria de 20% anual, probablemente tenga una inflación del 20% anual. Sin embargo, emitir un año al 20% anual no implica que ese año la inflación será de 20%.

De hecho, puede ser de 20%, de 10% o de 40%. A corto plazo, la relación es menos clara.

¿Qué hacemos?

El mal dato de inflación de enero revive, al menos en Argentina, un montón de teorías extrañas acerca del origen de este fenómeno. Como se percibe que el esquema no está funcionando entonces volvemos a las teorías sobre los costos, la concentración empresaria, el dólar, etc., etc.

Todas estas teorías heterodoxas terminan más o menos con la misma prescripción de política económica: hay que controlar todos, o al menos algunos, de los precios de la economía.

Así que enfrentados a esta disyuntiva, quedan dos caminos.

El primero es que el Banco Central insista en su política monetaria de emisión cero por el tiempo que sea necesario hasta que finalmente aparezcan los resultados. Esto incluye también revisar su política de compra de dólares.

El segundo es volver a las recetas mil veces probadas y fracasadas del pasado, que no solo no frenarán la inflación, sino que arruinarán la economía, mandarán a la quiebra a las empresas, y empobrecerán a los trabajadores.

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