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La cuareterna aumentará la desigualdad

Los más pobres con menos herramientas tecnológicas sufren más el confinamiento.

La semana pasada hice unos 30 kilómetros desde mi casa hasta las afueras de la Ciudad de Buenos Aires para visitar a mi viejo.

Antes de eso le pedí permiso oficial al Régimen Médico No Republicano que nos gobierna y que algunos no han dudado en apodar infectadura.

Andando por la colectora de la autopista, mi viejo me dice que hay una parrilla que hace unos días lo hizo pasar y sentarse, puesto que dentro de la misma no había un alma. Obviamente, el ingreso al establecimiento es una violación de las normas vigentes.

Al llegar al lugar, Horacio tenía toda la carne al asador, organizado para que los clientes hagan “take away”, como se dice en Palermo. Vacío, entraña, asado, y también algunos vegetales. Esperando habría unas 4 personas… Y Horacio, nuevamente, nos invitó a pasar.

La parrilla de Horacio es un restaurante enorme, de entre unas 40 o 50 mesas. Todas estaban vacías. Solo había dos personas, probablemente familiares suyos, mirando algo en la televisión…

Comimos bondiola de cerdo, vacío y papas fritas, con nostalgia de lo que alguna vez fue lo más normal del mundo para un enorme número de compatriotas. Al salir intercambiamos unas palabras con Horacio:

– ¿Qué tal todo con esta situación?

– Y, muy difícil. Estuvimos dos meses cerrados, y ahora nos dejaron abrir así para que la gente se lleve. Pero antes esto desbordaba de gente, venían familias, teníamos 200 personas todos los fines de semana…

Como decía, ahora los únicos comensales sentados éramos mi papá y yo.

En ese momento pensé dos cosas. La primera es que por suerte hay normas en Argentina cuyo cumplimiento no es efectivo. Es que, como el lector comprenderá, cumplir a rajatabla algunas leyes puede ser la diferencia entre sobrevivir y no hacerlo. La economía nacional funciona en un 35% en la informalidad precisamente por eso: porque tener todo “en regla” haría desaparecer una considerable porción de los negocios que dan trabajo.

La segunda es que la cuarentena incrementará la diferencia entre los ricos y los pobres. Ahí en esa parrilla estaba yo, economista profesional y profesor universitario, que se acomodó para dar clases por Zoom y que sigue ingresando lo mismo que en febrero de este año, y también Horacio, un pequeño empresario argentino a punto de perder su parrilla y facturando grosso modo el 5% de lo que facturaba en febrero.

Obviamente, esto puede ser una mera percepción, pero hay argumentos y datos que sostienen el punto.

El trabajo informal y el IFE

De acuerdo con el Ministerio de Trabajo, al tercer trimestre del año 2019 un 35% de los trabajadores en el país no era un empleado del sector formal de la economía. Así, sobre un total de 20,6 millones de personas que están empleadas, 7,2 millones están en el sector “negro”.

El Ministerio de Trabajo también informa los salarios promedio que tenían, en el último trimestre del año pasado, los trabajadores del sector formal y del informal. Así, un empleado en blanco ingresaba $ 35.251 como promedio, mientras que uno en negro ganaba $ 14.776, un 58% menos.

Durante la cuarentena, y con datos hasta abril, sabemos que el sector formal de la economía perdió 320 mil empleos. Pero también sabemos que el salario promedio ya había subido a cerca de $ 45.000.

Para los informales, se sabe también que 7,7 millones de personas comenzaron a cobrar el “Ingreso Familiar de Emergencia”, un subsidio que el gobierno otorga a las personas como compensación por no permitirles trabajar en el marco de la pandemia.

Así que de los 12 millones de empleados registrados que en diciembre cobraban un promedio de $ 35.251, pero que luego pasaron a cobrar cerca de $ 45.000, ahora hay 320.000 que cobran $ 0, porque perdieron su trabajo, lo que reducirá ese promedio. Sin embargo, en el sector negro de la economía se pasó de cobrar un promedio de seguramente más de $ 15.000, a un ingreso único de $ 10.000 que es el IFE.

Los asalariados informales ganan hoy menos plata, mientras que los formales ganan en promedio más o igual que antes en términos nominales.

La brecha, inevitablemente, ahora es más amplia.

Negocios online y los demás

En lo que va del año las acciones de la empresa Amazon subieron un 52% en dólares, pasando de USD 1.898 a 2.890. Mercado Libre, su análoga local, pasó de USD 610 a USD 988 desde comienzos de año, un 62% de suba.

Las acciones de ZOOM, la plataforma que usan colegios y universidades para dar clases online, se multiplicaron casi por 4, pasando de USD 68 a 261.

La educación virtual y la venta “por delivery” han sido la forma en que las personas se han ido adaptando a la nueva realidad de la pandemia seguida de la cuarentena. Para algunos, esto supone una excelente oportunidad.

Es que piénsese lo siguiente: la persona que hoy tiene los mismos ingresos en términos reales que tenía en febrero (o, aunque sea, nominales), ahora dejó de ir al cine, al teatro, a alquilar una cancha de fútbol, de tenis, a juntarse con sus amigos, a comer a un restaurante, a ir a un casamiento, etc… Es decir, su nivel de gasto se redujo brutalmente, con lo que es muy probable que muchos tengan sobrantes de dinero que terminen gastando en comprar cosas para el hogar, desde pinturas, macetas, hasta nueva iluminación y nevos muebles.

Lo mismo podría decirse de la compra de ropa, tecnología, etc. Y estas actividades, a pesar de la cuarentena, pueden seguir operando de manera digital porque se puede entregar vía delivery o encomiendas.

Así que para Mercado Libre y quienes por allí se han acostumbrado a vender, este es un gran momento. Sus acciones así lo reflejan.

Lamentablemente, en paralelo con esto, los datos de AFIP muestran que solo en abril cerraron 12.000 empresas, mientras que estimaciones privadas llevan ese número a 17.000. Por otro lado, las ventas minoristas medidas por la CAME cayeron 57%, la actividad económica general 26,4%, la industria 33,5%, y la construcción 75,6%.

Con todo esto, si de brechas de ingresos se trata, se imaginarán lo que pasó con la diferencia entre los negocios capaces de montarse “online” y aquellos que solo pueden vender en formato presencial.

Brecha educativa

Una última cuestión a mencionar es lo que se agrandará también la brecha educativa, entre aquellos que tienen los instrumentos familiares, emocionales y tecnológicos para continuar su educación a distancia y aquellos que no.

Recientemente, el Diario La Nación publicó que:

“El 18% de los adolescentes de entre 13 y 17 años no cuenta con Internet en el hogar y el 37% no dispone de dispositivos electrónicos para realizar las tareas escolares, valor que trepa al 44% entre quienes asisten a escuelas estatales.”

Además, agregó que un 45% de los estudiantes podría abandonar la educación secundaria tras el fin de la cuarentena. ¿Cómo hace un chico que no tiene acceso a internet para tener clases por Zoom? Desde el Ministerio de Educación por ahora solo apelan a que la TV Pública sirva de sustituto… Y, además, eliminaron en Provincia de Buenos Aires las notas numéricas, como si eso fuera a contribuir en algo.

Ahora bien, si los chicos de los colegios privados de zona norte hace 4 meses tienen clases online pero las hermanas Celeste y Dulce, de Loma Hermosa, en José León Suárez, no, ¿qué ocurrirá con sus posibilidades laborales en el futuro? ¿Nadie pensó en esto antes de lanzarse a cerrar todas las escuelas cuando casi no se registran muertes por COVID en menores de 18 años?

Para concluir, la cuarentena agrandará la desigualdad entre los argentinos principalmente porque les pega más fuerte a aquellos que tienen menos ingresos y herramientas para moverse en el nuevo mundo virtual al que nos llevaron con el “quédate en tu casa”.

Esperemos que la solución del gobierno no pase por más impuestos, sino por reconocer el origen del problema: su decisión de condenar a gran parte de la ciudadanía al arresto domiciliario por un período increíblemente largo de días.

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