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La inflación no se soluciona controlando las góndolas

Los políticos aman las causas de la inflación, pero odian sus consecuencias – Armando Ribas

Argentina cumplirá en 2020 nada menos que 16 años consecutivos de inflación de dos dígitos. En un mundo que prácticamente ha eliminado este flagelo, somos toda una rareza. Desde el 2007 a esta parte, solamente en un año no formamos parte del top 10 de inflaciones más elevadas del planeta.

Frente a este triste registro, aparecen todo tipo de propuestas estrafalarias para mejorar aunque sea un poco la calidad de vida de los argentinos.

La última de ellas es la recientemente aprobada Ley de Góndolas.

Pindonga, Cuchuflito y las “Grandes Marcas”

Lo primero que debe decirse es que estamos frente a una ironía de la historia. Es que quienes recientemente acusaban al gobierno de turno por hacer que la gente comprara “Pindonga y Cuchuflito”, ahora ven en “Pindonga y Cuchuflito” la receta de la prosperidad.

La Ley de Góndolas, de hecho, impone a los grandes supermercados la distribución de marcas poco conocidas pero que aparentemente tendrían mejores precios, solo que las “grandes marcas” no las dejan ingresar.

Hay que aclarar aquí que si los consumidores ya estaban eligiendo diferentes alternativas de productos (marca Cuchuflito, por ejemplo), no hay mucho que esta ley pueda mejorar. Evidentemente, algunos consumidores ya saben cómo obtener mejores precios en contextos de caída del salario real.

Por otro lado, si una marca es “grande” no es porque lesione la competencia, sino porque le ha ido bien en esa competencia.

Las “grandes marcas” son grandes cuando ofrecen un mejor mix de precio y calidad, algo que solo los consumidores deciden. El día que dejan de elegirlas, las empresas dejan de ser “grandes”. El único rol del Estado aquí es no imponer restricciones a la competencia con licencias y privilegios, como sí hace en el caso de los taxis.

Ahora en los productos de consumo masivo, dichos privilegios son inexistentes.

Ni cosquillas a la inflación

Por último, la Ley de Góndolas no le hará ni cosquillas a la inflación. Es que incluso cuando, en el momento 0 de su imposición (y en el mejor de los casos), el precio promedio de una o dos góndolas pueda bajar, nada ocurrirá con el ritmo de aumento del nivel general de precios.

Cuando hay inflación, suben el precio de las grandes marcas, de los productos elaborados por “micro empresas”, por las PYME, y también los del Mercado Central. La inflación es un fenómeno monetario y es la pérdida del poder de compra del dinero por una mala gestión de las autoridades monetarias.

La Ley de Góndolas no hará nada para detener la inflación. Pero además, por su escaso entendimiento de cómo funcionan la economía y las empresas, amenaza con romper algo que nunca estuvo roto.

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