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La fantasía de “poner plata en el bolsillo de la gente”

Los pedidos de los políticos chocan con las enseñanzas de Jean Baptiste Say, quien escribiera en 1803.

La economía argentina está mal. El indicador de actividad económica que publica el INDEC acumula 12 meses de caídas anuales consecutivas.

En marzo, cuando parecía que ya había tocado un piso y rebotaba, el Estimador Mensual volvió a quebrarse a la baja, de la mano del salto del dólar.

A su vez, los trabajadores pierden poder adquisitivo.

En marzo los salarios de los empleados registrados del sector privado avanzaron 38,4% anual, cuando la inflación fue de 54,9%.

Por si esto fuera poco, en el último año se perdieron 266 mil puestos de trabajo.

Se observa a las claras que la economía está frente a una recesión con una fuerte caída de la demanda, tanto de productos, como de mano de obra.

El bolsillo de los trabajadores

Frente a este cuadro, no falta el político que presente una solución mágica para todos los problemas.

Como quien receta una aspirina a alguien que le duele la cabeza sin molestarse por analizar en profundidad a qué se debe dicho síntoma, algunos creen que la solución a la caída de la producción y el consumo pasa sencillamente por darle plata a la gente.

El slogan favorito, que Sergio Massa ha popularizado pero que recorre a una enorme porción del espectro político de nuestro país, es que el gobierno debe “poner plata en el bolsillo de la gente”.

Esto y decir “políticas de demanda”, “políticas que cuiden el mercado interno”, o “políticas keynesianas” es esencialmente lo mismo. De hecho el propio John Maynard Keynes le recomendaba en 1933 a Franklin D. Roosevelt que:

“… la autoridad pública salga al rescate creando ingresos corrientes adicionales a través del gasto de dinero prestado a impreso.”

En el fondo, cuando esto se propone se espera que ocurran los siguientes pasos:

  1. se incremente el poder de compra de los trabajadores
  2. el aumento del poder de compra aumente su consumo
  3. el aumento del consumo aumente las ventas
  4. el aumento de las ventas “tire” de la producción

Todo suena muy lindo.

El problema es que dicho proceso es completamente erróneo.

¿Quién la pone?

El primer escollo muy difícil de afrontar que tiene esta idea es quién pone la plata.

Por ejemplo, si su principal defensor fuera coherente debería comenzar él, poniendo plata de su bolsillo en el bolsillo de la gente. Obviamente, eso no va a ocurrir.

Pero supongamos que efectivamente sí pasa. Supongamos que Sergio decide poner en el bolsillo de Malena un billete de $ 1.000.

¡Genial! Plata en el bolsillo de los trabajadores, consumo y producción, ¡vengan ya!

El problema es que así como ahora Malena tiene $ 1.000 nuevos para gastar, Sergio tiene $ 1.000 menos. El consumo de la economía no cambió un ápice. Lo que gasta Malena, no lo gasta Sergio.

Lo mismo ocurriría si para ponerle plata en el bolsillo de algunos, se les cobraran impuestos a otros.

Ahora obviamente, ese no es el único caso. Si el gobierno quisiera subsidiar algunas personas o actividades, de manera que eso “derramase” hacia los trabajadores y fomentase la demanda, podría también pedir prestado.

Pero ocurre que la última vez que miré el riesgo país superaba los 900 puntos básicos y Argentina estaba en un programa de salvataje del FMI. Es decir, no hay crédito para subsidiar más nada.

La producción se paga con producción

El último punto de esta falacia es que si bien puede lucir sensata en la superficie, no comprende la dinámica de fondo de cómo opera el sistema económico.

Es que, como explicó el economista francés Jean Baptist Say hace más de doscientos años, el consumo es el resultado del crecimiento económico, pero no su causa.

En su obra Tratado de Economía Política, Say sostenía:

Es habitual escuchar entre los emprendedores de distintos sectores industriales que sus problemas económicos no residen en el lado de la producción, sino en las dificultades para vender sus mercancías; que la producción siempre sería abundante si existiera suficiente demanda para absorberlas. Cuando la demanda por sus mercancías es demasiado lenta, retraída y poco efectiva, los emprendedores tienden a afirmar que el dinero es escaso; su objeto de deseo es un consumo vigoroso que acelere las ventas y eleve los precios…

[Y, ciertamente], un hombre dedicado a invertir su tiempo de trabajo en crear objetos de valor y que proporcionen algún tipo de utilidad no puede esperar que ese valor sea apreciado y remunerado a menos que otras personas dispongan de medios para adquirirlo. Ahora bien, ¿en qué consisten estos medios? En el valor contenido en otros productos, como los frutos de la industria, del capital y de la tierra. Todo lo cual nos conduce a una conclusión que a primera vista podría resultar paradójica: a saber, que es la producción la que permite la demanda de otros productos.

J.b. Say, Tratado de Economía Política (1803)

Lo que decía Say, entonces, es que obviamente que si la gente tiene poder de compra, entonces hay más demanda. Que si los trabajadores aumentan sus ingresos en términos reales, eso también es bueno para los vendedores.

Pero también nos dice Say algo que debería ser obvio: nadie puede pretender tener ingresos si primero no produjo algo de valor para los demás. Todo ingreso es derivado de la producción. Para consumir y demandar, primero tenemos que haber producido algo.

Si la economía fuese de puro trueque, esto se vería de manera muy clara. Ahora incluso cuando vivimos en economías monetarias, esta regla básica no se modifica. La producción se paga, a la larga, con producción.

Y eso nos lleva al último punto. Si queremos que haya más “plata en el bolsillo de la gente”, lo que necesitamos es que Argentina produzca más, más y más. Y para eso lo necesario es libertad económica. Terminar con la inflación, abrir la economía al comercio, bajar el gasto público para poder bajar impuestos y desregular la economía.

Más demanda no es más producción, sino al revés. Y para tener más producción se necesita más libertad.

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2 Comments

  1. Andres Simonetta Andres Simonetta 1 junio, 2019

    Genio Como siempre Iván. Seguí para adelante en esta lucha intelectual. Falta mucho todavía y soldados como vos son los más necesarios para ganarla. Un saludo

  2. Gustavo Gustavo 1 junio, 2019

    Me quedó super claro todo. Sólo una consulta, en caso de que los dirigentes se “dieran cuenta” de qué la producción impulsa la economía y comienzan a tomar medidas para favorecerla, ¿cuán largo sería el proceso de reactivación enómica?
    Muchas Gracias
    Saludos

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