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La vida, el miedo y el Coronavirus

Una reflexión en tiempos de cuarentena.

La vida no es el tiempo que pasa entre que salimos del vientre y entramos en el cajón.

¿O sí?

La vida tampoco es comprar alcohol en gel, comer mandarinas y mirar a Fito Páez haciendo un recital en vivo desde la seguridad de “nuestras casas”. Tampoco es estar aterrado de morirse todo el tiempo.

En algún sentido, esta paranoia total del coronavirus me recuerda a los escenarios apocalípticos de mis amigos libertarios: “¡¡El sistema monetario colapsará y el gobierno dominará cada espacio de tu vida!!”.

Solución: meterse en una caverna, con una escopeta, algunas latas de atún y mucho oro.

¡Menuda forma de vivir!

Miedo útil

Como se observa, el miedo, no es solo patrimonio de los socialistas, ni de los peronistas, ni de los Larretistas.

¡El mundo se acabará mañana! Te dicen algunos.

Y muy rápidamente te aclaran que si los votás a ellos, les comprás su producto, o te suscribís a su informe, vos vas a estar a salvo.

El miedo sirve. Y para mucho fines.

Lamentablemente, el miedo también tiene sus efectos colaterales. Como narra esa historia de la plaga, que camino a Bagdad le cuenta a un viajante que matará a 5.000 personas.

Cuando el viajante lee el diario y observa que en dicha ciudad han muerto 60.000, le pregunta a la plaga: “¡¿Pero qué hiciste?!”, a lo que la plaga responde: “Nada, maté a 5.000, como te había dicho. El resto murió de miedo”.

¿Cuarentena útil?

El miedo inspiró la durísima cuarentena que se impuso en Argentina y que no se quiso imponer,  con la misma dureza, en Suecia.

Ahora fíjense lo que pasó en Suecia. Hasta el momento hay un total de 3600 muertes, pero los “modelos matemáticos”, supuestamente lo más avanzado de la “ciencia epidemiológica”, pronosticaron entre 32.500 y 65.000 muertes para el pico de la curva.

Imagen
Fuente: The BlogMire, Is Lockdown Essential? Comparing the Swedish Experience With the Imperial College Model Suggests Otherwise.

En Suecia dicho pico ya ocurrió, puesto que las muertes por día tienden a ser menos de las anunciadas en días previos.

Y lo mismo ocurre en muchos otros países. Como se ve en el gráfico de abajo, en España, Italia, Holanda, el Reino Unido y en los Estados Unidos, las nuevas muertes por millón de habitantes que se anuncian por día están siguiendo una tendencia declinante.

Fuente: Our World In Data

Y sí, toda muerte es lamentable. Y es lamentable que una pandemia ocurra, así como lo es que se caiga un avión o que ocurra un terremoto. Son cosas para las que no estamos preparados emocionalmente ni económicamente ni,  al parecer mucho menos en Argentina, sanitariamente.

Contra la vida

Ahora pedir al gobierno que no encierre a todos en sus casas no es estar en contra de la vida. A lo sumo será estar en contra de una vida de encierro, que no es lo mismo.

Porque, acaso, ¿qué es la vida?

No es solo “Permanecer y transcurrir”, “No es perdurar, no es existir”, como dice la canción. No, la vida es un poco más que eso, pero nadie sabe en esencia qué es. Porque, en definitiva, de cada uno depende cómo vivir su vida y qué hacer con ese conjunto de mente y alma con el que llega al mundo.

Ahora bien, si en “tiempos normales” todos deciden, en su mayoría hacer cosas como estudiar en una institución, o trabajar en un negocio, o tomar algo con la novia, o visitar al amante, o pasear con la familia, o viajar, o salir a comer, o mirar películas en el cine, o salir a correr, o andar en bicicleta, o comprarse un auto, o comprare una casa, o construir una casa, o tomar sol, o ir a la plaza, o trepar una montaña, o, o, o, o…. tantas miles de cosas que se hacen fuera del encierro….

Parecería que de eso se trata la vida y que “cuidar la vida” yendo contra todo eso no tiene mucho sentido.

Pero el miedo nos tiene encerrados. Y los argentinos, así como muchos en el mundo, elegimos calmar la ansiedad que el miedo nos genera entregando todas las decisiones al gobierno.

Nada de confiar en la gente.  Nada de confiar en la capacidad individual para tomar riesgos controlados, para cuidarnos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos…

“¡No! ¡Esa libertad es muy peligrosa!” porque “¡La gente es muy ignorante! ¡Esto no es Alemania!”.

Y así vamos. Cada vez más le entregamos al estado, y cada vez menos queda para nosotros y menos de nuestra libertad.

En el medio, el país se acerca a la crisis económica más dura de la historia y coquetea con un nuevo estallido inflacionario.

No podemos cambiar el Coronavirus. Pero, dado que existe, si podemos cambiar nosotros y adaptarnos a él. La pregunta es si la «adaptación» que estamos experimentando no es demasiado exagerada.

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