Press "Enter" to skip to content

Nos pasamos de rosca

Sí, nos pasamos de rosca fuerte.

Con una nueva renovación oficial de la cuarentena, algunos periodistas ya empiezan a emplear un término más apropiado, la “sesentena“. Ahora en rigor de verdad, también podríamos empézar a hablar de “etertena” ya que al ritmo que venimos, esto amenaza con ser eterno.

Esto es así porque, como dice mi amigo Alejandro Bongiovanni, el gobierno nunca va a levantar la cuarentena. Sin embargo, sí comenzará progresivamente a hacer la vista gorda, o siemplemente el control se le irá de las manos. No obstante, si eso ocurre, no tendrá que cargar con ningún costo político por las nuevas muertes e infecciones. Habrá sido “la gente” que “no hizo caso”.

También podríamos decir que vamos a una “etertena” porque la cicatriz que dejará el coronavirus, en el mundo y en Argentina, será difícil de borrar.

¿Ahora no nos habremos pasado un poco de rosca? ¿No se nos habrá ido un poco la mano con la reacción a esta nueva enfermedad? Mi amigo Alejandro también dice que si a 1930 se le llamó el año de La Gran Depresión, al 2020 bien podríamos llamarlo el de La Gran Desproporción.

Aclaro, si dos chicos de 16 años roban un quiosco armados con cuchillos Tramontina, sin duda que estamos ante un hecho pasmoso, condenable y trágico en toda su dimensión humana. No obstante, para frenar eso a nadie se le ocurriría ir al barrio de los asaltantes y tirar una bomba atómica. Lo clave en cualquier decisión civilizada es guardar proporción entre un hecho y su respuesta.

¿Hemos hecho eso nosotros? No. Nosotros nos pasamos de rosca.

Y nos pasamos tanto de rosca que la economía va a tener la caída más fuerte que jamás vio el país. Ni siquiera en el año 2001-02 experimentamos algo igual.

Pero eso es poca cosa comparada con la dimensión real de lo que significa.

Nos pasamos tanto de rosca que ni los médicos que aplaudimos todas las noches la están pasando bien. Una médica amiga que trabaja en un conocido hostpital de la ciudad de Buenos Aires me contaba que “el hospital mejor preparado de la ciudad está casi vacío” y que “el 90% de los médicos somos autónomos”. Es decir, no solo en el hospital le pidieron que facture con una quita, sino que en su propio consultorio tuvo el 5% de los pacientes que suele tener.

Mi vecina odontóloga y ortodoncista está en la misma situación. Desde mediados de marzo que ni aparece por acá, y solo volvió en los últimos días a hacer unas reparaciones en el consultorio. Ahora sin clientes, que no se acercan por la cuarentena, y porque tienen miedo de romper el tan repetido “quedate en tu casa”, ¿cuántos más va a a aguantar?

Alguno dirá que es ortodoncista, que se ocupa de cuidar la belleza de los dientes, que eso tampoco es tan “esencial” y que, en estos momentos, solo eso es lo importante.

Ahora bien, ¿en estos momentos? ¿Cuánto tiempo más van a durar “estos momentos”?

Por otro lado, si solo de sobrevivir se trata, un estudio médico recientemente publicado calcula en 9.000 las muertes que se producirán porque la gente tiene miedo de ir a hacer consultas por temas cardíacos y cerebrovasculares.

No es “vida contra economía”, sino vida contra vida. O vida de encierro contra vida con riesgos, como siempre supimos que era la vida

Ni siquiera es salud contra economía. Porque hoy nadie realmente defiende la salud. La salud, según la propia OMS que sirve de faro a tanto gobierno prohibicionista, no es “solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, sino “un estado pleno de completo bienestar físico, mental y social”.

¿Cómo viene la salud de los argentinos y de los ciudadanos del mundo cuando, por evitar solamente que nos agarre una afección y enfermedad, restringimos todo lo que nos da plenitud física, mental y social?

Te preguntarás si nos volvimos locos. Yo creo que definitivamente sí.

Nos volvimos tan locos que incluso hablar de que solo necesitamos vivir con lo esencial es extravagante. Si no necesitamos lo “no esencial”, no necesitamos odontólogos, profesores de teatro, dueñas de bares, gerentes de restaurantes, choferes de colectivo, conductores de barcos, pilotos de avión, obreras de la construcción… Es decir, podríamos tranquilamente vivir como sobrevivíamos en la Edad Media… con un tercio de la población, eso sí.

Pero es “vida vs economía”. ¡Qué ridículos!

Volviendo. Nos pasamos tanto de rosca que por “cuidar a nuestros viejos”, los vamos a matar de encierro y angustia. Mi viejo, que siendo un optimista de la vida, se iba a casar a los 71 años el 26 de marzo y que tuvo que suspender por obvios motivos, hizo cumplimiento estricto del confinamiento por al menos 40 días.

El día 41 se cansó. Y, sí: ¿qué esperaban?

Ahora sí se muere de coronavirus, ¿qué le vamos a decir? La gente quiere vivir su vida, y la libertad es esencial para la vida. Obviamente, la libertad implica riesgos.

“No pero es que va a colapsar el “sistema de salud””. ¿Perdón? Mi viejo siempre pagó su seguro médico, no le debe nada a nadie. Punto.

Nos pasamos tanto de rosca que hasta el propio presidente reconoce que si terminaran con la cuarentena la economía no se reactivaría porque la gente no quiere ir a los comercios. Bueno, sería bueno que al menos aún teniendo una peor economía, recuperemos nuestra libertad, que no es poco. Pero al margen de eso, las propias autoridades ya reconocen que la gente está haciendo algo para cuidar su salud, y que mucha gente elige voluntariamente quedarse en su casa y salir poco.

Sería interesante que quienes no quieran mantener esa actitud también puedan hacerlo. No imponer la moral del encierro para todos con la excusa de “quiero cuidarte la vida”. ¿Quién te pidió que lo hicieras?

Para ir cerrando y no hacerla tan larga, nos pasamos tanto de rosca que cuando pensamos en coronavirus solo nos viene a la mente la imagen de la muerte y de esa chica argentina de 25 años que la pasó tan mal con el COVID, pero nadie siquiera piensa en la realidad objetiva de que hay miles, y tal vez cientos de miles de personas en este país que tienen o tendrán coronavirus y ni siquiera tendrán un dolor de cabeza.

Eso, y no más, quiere decir la palabra “a-sin-to-má-ti-co”.

32 millones de víctimas fatales lleva acumuladas el virus del SIDA desde que comenzó a circular. En un principio la recomendación para evitar el contagio era abstenerse de tener relaciones sexuales. Obviamente, otra gran desproporción que no podía ser cumplida.

Pero había un largo camino entre la alternativa de la abstinencia y la alternativa de la desprotección total. Un artículo de Julia Marcus, profesora de salud en Harvard cuenta que:

“Las campañas de salud pública que promueven la eliminación total del riesgo, como la educación sexual basada únicamente en la abstinencia, son una oportunidad perdida para apoyar comportamientos de bajo riesgo que son más sostenibles a largo plazo. La educación solo para la abstinencia no solo es ineficaz, sino que se ha asociado con peores resultados de salud, en parte porque priva a las personas de comprender cómo reducir su riesgo si eligen tener relaciones sexuales (…)

Berkowitz y Callen sabían que la abstinencia indefinida no era realista para todos, y en lugar de avergonzar, trataron de dar a los hombres homosexuales las herramientas que necesitaban para poder tener relaciones sexuales con un riesgo bajo pero no nulo de transmisión del VIH. En esencia, este es el modelo de reducción de daños, que reconoce que algunas personas van a correr riesgos, ya sea que los expertos en salud pública lo quieran o no, y en lugar de condenarlos, les ofrece estrategias para reducir cualquier daño potencial.”

Algo similar ocurre con el coronavirus. Pretender riesgo cero es tan irreal como excesivamente costoso. Así que no quedan muchas alternativas. O seguimos en un delirio paranoico que nos lleve a hundirnos como sociedad, o comenzamos a adaptarnos a la realidad de que el riesgo cero no existe y que hay que seguir la vida.

Obviamente, quien quiera riesgo cero, siempre tendrá la opción de quedarse en su casa. Solo le pido que no le imponga a toda la sociedad su propia preferencia.

Subscribite a Los Mercados

* indicates required




Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *