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¿Por qué Macri aún tiene chances?

No te une el amor, sino el espanto.

En solamente dos semanas comienza oficialmente el proceso electoral en Argentina. Con el carísimo invento de las elecciones P.A.S.O., los ciudadanos asistirán a los centros de votación y quedarán expresadas, en mayor o menor medida, sus preferencias respecto de quién quieren que sea el próximo presidente.

Las elecciones primarias tienen una particularidad: no deciden casi absolutamente nada. En teoría, claro, deberían servir para que cada partido defina a sus principales candidatos. En la práctica, sin embargo, estos candidatos ya están elegidos. Alberto Fernández va por el Frente de Todos, Mauricio Macri por Juntos por el Cambio, Nicolás del Caño por el FIT y José Luis Espert va por el Frente Despertar, entre otras opciones.

Una cosa que sí deciden las PASO, sin embargo, es quienes pueden participar de la primera vuelta electoral: todo partido que quiera competir en octubre debe obtener al menos 1,5% de los votos del domingo 11 de agosto.

Otra cosa que definirán estas primarias será la precisión de las encuestas que, hasta ahora, vienen dando un escenario de absoluta paridad entre el oficialismo y el Frente de Todos.

Y es ahí donde aparece la duda… ¿cómo es posible que, con la economía como está, el gobierno de Cambiemos aún mantenga chances de ser reelegido?

La economía y las elecciones

En general, suele sostenerse que los ciudadanos son racionalmente ignorantes a la hora de votar. ¿Qué quiere decir esto? Que como el voto individual de cada persona pesa muy poco en los millones que se emitirán, tiene poco sentido para él interesarse mucho por los programas económicos de los candidatos.

En este sentido, votamos con ignorancia acerca de qué harán los futuros presidentes, y nos apoyamos más en la simpatía que nos generan, en su gestión pasada (si la hubo), y fundamentalmente en el estado actual de la economía.

Si la economía viene bien, se votará al oficialismo, si la economía viene mal, se vota a la oposición.

Tomando esto como una premisa razonablemente válida, pasemos a ver entonces algunos datos económicos relevantes de la gestión de Mauricio Macri:

Variable Dato
 Inflación Acumulada 208,2%
Crecimiento Acumulado -3,5%
Salario real vs. Diciembre de 2015 -16,8%
Tasa de Desempleo 10,2%
Aumento del Tipo de Cambio Real desde 2015 16,0%
Pobreza (estimación privada) 32%-35%

Como puede observarse, en materia de números, todo está peor. El salario real cayó 17%, el dólar, en términos reales, se encareció 16%, la economía no solo no creció sino que cayó 3,5% desde sus niveles de 2015.

Por si esto fuera poco, la inflación, que iba a ser “lo más fácil de resolver”, acumula un 208% en el período. De haberse cumplido las metas de inflación originales, estaríamos hablando de un 75% acumulado. Menudo fracaso.

Por último, y ligado a lo anterior, la pobreza no se redujo en nada, e incluso subió algunos puntos desde 2015.

Si la economía fuera lo único que explicara el voto de la gente, el resultado de estas elecciones estaría más que puesto: el gobierno pierde y gana cualquier opción que tenga en frente.

Eso, no obstante, no ocurre. De acuerdo con una cantidad de sondeos publicados este viernes por el Diario El Cronista, Macri mantiene chances de ir al ballotage y ganar en segunda vuelta.

¿Cómo se entiende?

Temor al pasado y refinamiento económico

Dos explicaciones vienen a la mente para responder la pregunta anterior. La primera la tomo de un paper escrito por William Nordhaus en 1975, donde sostiene que los votantes se forman expectativas sobre lo que los políticos van a hacer si son elegidos, basados en las experiencias pasadas de sus partidos.

Es decir, si José se presenta por el Partido Radical, el votante recordará lo que el Partido Radical hizo la última vez que fue gobierno y por tanto concluirá que José hará cosas similares en el futuro. Si el votante considera que lo que el Partido Radical hizo fue positivo, votará a José.

Yendo al caso que nos ocupa, la gente aquí podría comparar muy bien a los dos candidatos que tienen más chances. Por un lado está Macri, terminando su primer mandato. Por el otro, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, quienes no solo fueron miembros de un partido político que ocupó la primera escena del poder, sino que ellos mismos fueron esa primera escena.

Y es aquí donde se observa que el votante está haciendo una pésima evaluación de lo que Cristina y Alberto hicieron en el pasado. Así, como proyectan que a futuro harán algo similar, la oposición no tiene al menos hasta ahora ninguna ventaja clara por sobre el oficialismo.

Entre las cosas malas que se le pueden achacar al kirchnerismo –y especialmente a su versión cristinista– están el cepo al dólar, el intento por imponer retenciones móviles, la persecución a la prensa, el maltrato a los empresarios, la negación de la inflación, el ocultamiento de la pobreza, su afinidad con Venezuela, o la corrupción entre otras cosas. Obviamente, en la medida que la ciudadanía rechace estas cosas, preferirá incluso una economía maltrecha antes que “la vuelta de Cristina”.

Es por esto que Alberto Fernández hace esfuerzos permanentes por desligarse… ¡de su candidata a vicepresidenta!

Una segunda explicación es que los votantes hayan de alguna manera refinado su comprensión de la economía. En dicho caso, todavía mantendrían con vida al oficialismo porque comprenden que las otras alternativas electorales que tienen chances reales (perdón por excluir a Espert, Lavagna, Del Caño, et al.) no tienen la menor idea de cómo hacer que Argentina vuelva a crecer, baje la inflación y vuelva a crear empleo.

Para ir cerrando, la economía está muy mal y hay un consenso de que el gobierno de Macri tiene mucha responsabilidad por ello. No obstante, el electorado no se inclina masivamente a la oposición. El temor al pasado es más fuerte, y también es posible que los votantes no sean tan tontos como para creer que a la economía se la soluciona “prendiéndola” o “poniéndole plata en el bolsillo a la gente”.

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