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Superávit comercial récord y crisis económica

¿No es buena noticia exportar más de lo que se importa?

Robert Merton Solow es un economista norteamericano muy estudiado por cualquier aspirante a convertirse en Licenciado. En 1987, la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel por sus trabajos y contribución a la teoría del crecimiento económico.

Cuenta la leyenda que, discutiendo alguna vez sobre el asunto de la balanza comercial, Solow afirmó: “tengo un déficit comercial crónico con mi peluquero, que no se digna a comprarme nada de lo que yo vendo”.

Para quienes no están al tanto, se llama resultado comercial a la diferencia (anual, mensual o trimestral) entre las exportaciones y las importaciones de un país. Si las exportaciones superan a las importaciones, se habla de superávit, mientras que si ocurre lo inverso, hablamos de déficit comercial.

Solow se afligía porque importaba muchos servicios de peluquería, pero no podía exportarle nada a su peluquero. ¿Será eso un problema?

De acuerdo con la más reciente publicación del INDEC, Argentina tuvo, en el año 2019, un superávit comercial de casi USD 16.000 millones. Este número se alcanzó porque el país exportó bienes por un total de USD 65.100 millones (un aumento de 5,7% anual), e importó por una cifra total de USD 49.100 millones.

Las importaciones, cabe notar, cayeron un 24,5% anual.

Gráfico 1. Exportaciones, importaciones y resultado comercial (2015-2019)

Fuente: ICYA en base a Indec.

Ahora bien: ¿es bueno o malo este dato? A priori, uno parecería suponer que si estamos frente a un déficit hay motivos para preocuparse, mientras que si se trata de un superávit, deben ser buenas noticias.

Sin embargo, en 2017, por ejemplo, Argentina tuvo déficit comercial de USD 8.500 millones, pero la economía creció cerca de 3% anual. Ahora, a pesar del abultado superávit de 2019, la economía cayó cerca de 3%.

¿Qué ocurre aquí?

Resultado Comercial y flujo de capitales

Una de las principales lecciones a tomar de los cursos de economía internacional es que el saldo de la balanza comercial es consecuencia del flujo de capitales.

Esto puede verse de manera más sencilla si hacemos el ejemplo con una persona o familia. En el ejemplo, las exportaciones pueden equipararse a todo lo que el individuo o la familia percibe como ingreso a raíz de lo que produce, mientras que las importaciones pueden igualarse a todo lo que esta persona o grupo deciden consumir.

Yo suelo hacer la pregunta a mis alumnos acerca de si existe una manera posible de que una persona, familia o empresa consuma más de lo que produce.

Si bien al principio la intuición indica que esto no es posible, tras pensarlo algunos minutos surge algún alumno o alumna que dice:

  • Sí, podés endeudarte.
  • ¡Excelente!

Cualquier organización puede gastar más de lo que ingresa si alguien más está dispuesto a financiarlo.

Ahora bien, ese no es el único método de consumir más de lo que se produce. El otro es desahorrar.

Si suponemos que Robert Solow tenía USD 10.000 en su cuenta bancaria, y que, al mismo tiempo, se quedó sin trabajo de manera transitoria, seguramente su gasto mensual no caiga a cero, sino que se mantenga constante hasta que encuentre otro empleo.

¿Y cómo hará para solventar ese gasto? Pues irá consumiendo esos ahorros que tenía en el banco.

Llevado al plano macroeconómico, ocurre lo mismo. Cuando un país consume más de lo que produce, tendrá un déficit comercial. Y para financiar eso solo tendrá dos formas: o utiliza sus reservas internacionales (desahorra), o bien toma deuda con agentes externos a la economía nacional.

Ahora como puede observarse, si un país se endeuda con el mundo para financiar este déficit, al país ingresarán capitales. Si el país tiene superávit, por otro lado, financiará al mundo mandando afuera los capitales propios.

Así, el resultado comercial, en realidad, depende del flujo de capitales. Si el crédito fluye, podrá financiarse un déficit. Si no, entonces no quedará otra que exportar para poder importar.

Ni bueno ni malo

Con la aclaración previa podemos ver si tener déficit o superávit es bueno o malo. Y la respuesta es que ninguna de las dos.

Estados Unidos y Australia tienen déficit por cuenta corriente hace más de 20 años y sus economías crecen con estabilidad, generan empleo y aumentan los salarios.

China y Alemania, por el contrario, tienen superávit corriente hace más de 20 años y sus economías crecen, generan empleos y aumentan los salarios.

Lo curioso del caso Argentino es que el superávit comercial, sobre todo cuando es alto como el de 2019, coincide con eventos de crisis. En los años previos en que la economía argentina tuvo superávit comercial del orden de los USD 16.000 millones (2009 y 2002 fundamentalmente), la economía cayó fuerte.

Ahora el resultado de la cuenta comercial no fue la causa de la crisis, sino más bien su reflejo. Es que lo que ocurrió especialmente en 2019 y 2002 fue que el crédito internacional, que fluía de manera cuantiosa hacia el país, se detuvo casi de repente.

Y de la misma forma que cuando a una persona que se le acaba el crédito (y el ahorro) tiene que ajustar súbitamente su gasto, lo mismo ocurrió a nivel nacional.

El crédito del que gozaba la economía argentina antes de 2018 le permitía tener grandes gastos por encima de sus ingresos. Sin embargo, la ausencia de reformas estructurales que generaran la confianza suficiente para mantener ese crédito derivó en un frenazo del mismo.

Inevitablemente después de eso, se impuso la austeridad, que se ve materializada en la fuerte caída de las importaciones.

Para finalizar, el resultado comercial no es un buen indicador sobre la salud actual de una economía. Sin embargo, sí nos puede indicar qué riesgos existen.

Si hay un déficit comercial muy grande, sabremos que el país le debe mucha plata al mundo y que, por tanto, es vulnerable a los cambios de humores financieros internacionales.

Si existe, por el contrario, un gran superávit comercial, esa vulnerabilidad no existirá, pero el número podría indicarnos que estamos frente a un escenario de fuertes restricciones al consumo o bien fuerte desconfianza hacia el futuro económico.

Ese, al menos, ha sido el caso de la Argentina reciente y es lo que muestran los últimos datos.

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